domingo, 6 de marzo de 2011

cangrejo.

6.18 am. Aún no duermo y me dieron ganas de escribir algo repentinamente.
6.19 am. Solo pienso en la sonrisa (falsa) que debe acompañarme por el resto de mis días.
6.20 am. No puedo creer que pienso y escribo solo UNA idea en UN minuto, soy demasiado lento... (miro el reloj). Aún no cambia.
6.21 am. Cambió. Tengo miedo en lo que me pueda convertir, o más bien en lo que me he convertido. Me siento un verdadero cangrejo, aunque tengo solo un problema: la exquisita carne bajo
6.22 am. este gran y grueso capazón esta negra, podrida, solo por haberla metido 5 meses dentro del congelador... ¡qué paradójico!
6.23 am. O... ¿será que el caparazón es un poco más ancho ahora?
6.24 am. Estoy feliz por esto, lo he logrado...

viernes, 31 de diciembre de 2010

lecciones.

Subterráneos y rascacielos. Que el reloj no se detiene, que el calendario es una falacia y que los momentos son nada más que ilusiones del futuro. Que las sonrisas son solo temporales, al igual que las lágrimas. Que hay que sobrevivir, que la vida a veces no tiene dirección si uno no se la da. Rascacielos y subterráneos.

miércoles, 14 de julio de 2010

inesperado - tercera parte

Dormido, a medianoche siento que algo, más bien alguien, sube a mi cama. Abro los ojos y veo a mi desconocido invitado junto a mí, respirando suavemente, sumido en sus sueños. Una misteriosa atmósfera de felicidad, goce y somnolencia me envuelve entre sus brazos, mientras él toma mi mano en medio de la fría noche. Al día siguiente, la tormenta proseguía, pero con menos fuerza. Decidí buscar a mi amada, pues ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que la vi. No estaba lejos. Podía sentir en el ambiente ese hedor a descomposición. La encontré a menos de trescientos metros de lo que alguna vez fue nuestro hogar, sobre una roca manchada con sangre. El hombre con el cual había dormido la noche anterior, me dijo, susurrando y entre lágrimas, que con una mujer nunca encontró la felicidad y que cuando me vio un día junto a ella caminando hacia mi casa, supo que deseaba estar conmigo para siempre. Lo perdoné, porque me di cuenta que de ella amaba sólo sus besos y caricias y que, repentinamente, amaba todo de él.
Nadie sabe con quien se encontrará en la vida.
Yo nunca esperé conocer a una mujer infiel y menos a un amante asesino.

lunes, 4 de enero de 2010

inesperado - segunda parte.

Hoy me he despertado más tarde de lo que acostumbro y lo atribuyo a mi falta de preocupación. Mi amada no ha regresado, no he reparado la rueda y seguramente la tormenta comenzará por la noche. Me preparo un huevo de codorniz para el desayuno y busco algo de líquido en el pozo. "Tienes que arreglar la rueda", me susurra una suave e inexistente voz en el oído derecho. Ya es mediodía y la rueda está en perfectas condiciones, así que pronto estaré yendo al pueblo a través de esa monótona ruta que me llevará hacia el este. Ya en el poblado, me dirijo al mercado de abastecimiento para poder comprar algo de verduras, pescado, legumbres y gallinas para criar. Ahora muevo mis pies hacia el bar. Entro. Tequila es lo que suelo tomar, y hoy no será la excepción. Mientras tomo un sorbo, un hombre de semblante tímido y dulce se sienta a mi lado. Me cuenta sobre sus aventuras por Medio Oriente y Europa, sobre todas las mujeres con las que pudo estar en esas lejanas tierras y sobre aquellos valientes guerreros que recorrían interminables caminos entre reino y reino. Las lóbregas nubes se acercan cada vez más y ya es hora de volver a la cotidianeidad de mi polvoriento hogar luego de esta desenfrenada embriaguez. El hombre con el que hablaba me sigue hasta la carreta y me pide que regrese mañana al bar. Cortésmente y sin vacilaciones le ofrezco un espacio en mi hogar para que pasara la noche allí, ya que algo había en ese cálido hombre que me atraía sin control y no me hubiese aguantado un día sin verlo.

lunes, 2 de febrero de 2009

inesperado - primera parte.

Bajo el dintel estoy detenido. La vieja e irreparable "casa de campo", llena de objetos inútiles y cubiertos por el fino polvo proveniente del árido y pardo paisaje que mis ojos vislumbran; ya no es una madriguera segura. Me siento en la mecedora de aquella anciana que dejó todas sus pertenencias a mi nombre al fallecer, y cierro los verdes ojos que mi furtivo padre me heredó. ¿Dónde ha ido mi amada? El oasis no está lejos de aquí y ha tardado más de 3 horas en volver. Sin luz alguna entrando a mi retina y sumido en volátiles ideas, me pregunto... ¿es realmente mi amada a quién amo? Quizá sólo amo sus besos, sus caricias y su áspera y pálida piel, y no sus palabras, su preocupación, su perfeccionismo y su forma de vivir. La luz ha llenado mi jardín, y frente a mí, veo aún la desértica postal a la que me he enfrentado durante los 10 últimos años. Diviso el pozo y rocosas montañas a lo lejos, y sobre ellas, grises nubes que se acercan, además del cadáver de un ternero siendo devorado por dos grandes buitres, media milla más allá. Debo arreglar mañana la rueda de mi carreta, pues debo dirigirme al pueblo a buscar provisiones, ya que por lo visto, la tormenta durará al menos 5 días. Ya es de noche. Cierro mi humilde guarida y mi amada aún no regresa. Si no vuelve dentro de 48 horas, tendré que comenzar a buscarla. Estoy solo en mi cama, y ya es hora de dormir.